El Mensaje

Microcuentos

18-09-2024 Cultura

El Mensaje Info img: Aeropuerto

Estaba sentado en una de las cómodas sillas de plástico del aeropuerto de Lanzarote, con los ojos perdidos en las pantallas que anunciaban las salidas de los próximos vuelos. El sol de la tarde se filtraba por los enormes ventanales, bañando el lugar con una cálida luz que contrastaba con el aire acondicionado que mantenía el ambiente algo gelido. Mi vuelo 540 NT con destino a Tenerife estaba programado para salir en menos de dos horas. Todo parecía estar en orden, pero en el aire flotaba esa sensación extraña que a veces se instala en el estómago sin razón aparente.

Abrí mi teléfono, buscando distraerme con algo mientras esperaba. Había recibido un par de mensajes de WhatsApp de amigos deseándome buen viaje y un recordatorio de que nos veríamos pronto. Todo normal. Hasta que apareció un nuevo mensaje de un número oculto.

"No subas al vuelo 540 NT. Va a pasar algo, no está claro qué, pero no será bueno. Mantente a salvo."

Parpadeé varias veces, intentando procesar lo que acababa de leer. Mi primer pensamiento fue que se trataba de una broma de mal gusto. Algún tipo de error. Pero algo en la simplicidad del mensaje, en su falta de explicaciones, me puso nervioso. Miré a mi alrededor, buscando alguna señal de que algo no estaba bien. La gente seguía con sus asuntos, caminando de un lado a otro, cargando maletas, tomando café o hablando por teléfono.

Decidí no darle importancia, pero el mensaje seguía ahí, titilando en mi mente como una alerta que no podía ignorar. Volví a abrir WhatsApp y releí las palabras, buscando algún tipo de lógica que las hiciera parecer menos amenazantes. ¿Qué podría pasar en un vuelo de apenas una hora entre Lanzarote y Tenerife? Un vuelo rutinario, nada fuera de lo común.

Dejé el teléfono a un lado y trata de concentrarme en cualquier otra cosa. Pero ahora, cada sonido, cada movimiento a mi alrededor parecía más agudo. ¿Quién me había enviado ese mensaje? No había ninguna manera de saberlo. ¿Debía reportarlo? Pero ¿a quién? ¿A las autoridades del aeropuerto? Seguramente se reirían en mi cara, o peor, me detendrían por sembrar el pánico sin fundamento.

La hora de embarcar se acercaba. El vuelo 540 NT fue anunciado por los altavoces, y una fila comenzó a formarse en la puerta de embarque. Miré mi boleto, sentí un nudo en el estómago. ¿Debía ignorar la advertencia y seguir con mis aviones? Todo indicaba que no había motivos reales para preocuparse. Pero ese mensaje... Me levanté lentamente, todavía inseguro, y me dirigí hacia la fila.

De repente, mi teléfono vibró de nuevo. Otro mensaje del mismo número oculto.

"No lo entiendes. No es un juego. No subas al avión".

Mi corazón empezó a latir con fuerza. Era demasiado específico para ser una coincidencia. Miré hacia la puerta de embarque, observando cómo la gente entregaba sus boletos sin ninguna preocupación en el rostro. Parecían ajenos a la posibilidad de que algo estuviera por suceder. Volví a mirar el mensaje y, por primera vez, la idea de no abordar empezó a parecerme una opción razonable.

Me aparté de la fila, encontrando que necesitaba revisar algo en mi mochila. Mis manos sudaban. Miré a los empleados de la toalla, preguntándome si debía acercarme a ellos, pero no tenía pruebas de nada, solo un par de mensajes anónimos. Caminé lentamente hacia una cafetería cercana, buscando un lugar donde sentarme y pensar. Desde allí, observe cómo continuaba el embarque.

El vuelo estaba casi lleno cuando anunciaron el último llamado. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me di cuenta de que mi teléfono vibraba de nuevo. Al abrir el mensaje, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

"Buena elección."

¿Buena elección? ¿Qué significaba eso? Un sudor frío empezó a brotar en mi frente mientras veía cómo cerraban la puerta de embarque. El avión estaba a punto de despegar, y yo me quedé sentado, observando desde la distancia, como si todo aquello fuera parte de una película en la que yo no debía participar.

Pasaron quince minutos. Miré el reloj varias veces, sintiendo que cada segundo era más largo que el anterior. La intriga y el miedo empezaban a mezclarse en mi cabeza. El avión comenzó a rodar por la pista y, lentamente, despegó.

Solo entonces solté el aire que había estado reteniendo sin darme cuenta. Había tomado una decisión basada en la nada, en un mensaje de un desconocido. ¿Y si no pasaba nada? ¿Si todo resultaba ser una broma pesada o una confusión? La posibilidad de estar perdiendo el vuelo por algo ridículo empezó a pesarme.

Pero justo en ese momento, los portavoces del aeropuerto interrumpieron el murmullo general:

Atención, se informa a los pasajeros y familiares que el vuelo 540 NT con destino a Tenerife ha tenido que realizar un aterrizaje de emergencia. Pedimos calma mientras se confirman más detalles.

Mi cuerpo se tensó de golpe. Un aterrizaje de emergencia. Algo había salido mal, exactamente como el mensaje había insinuado. Busqué mi teléfono, las manos temblorosas, pero ya no había más mensajes. El número oculto había cumplido su propósito y desapareció en el misterio.

Me quedé sentado en la cafetería, observando el caos a mi alrededor mientras las noticias comenzaban a extenderse. Algo dentro de mí me dijo que nunca sabría quién me había advertido ni por qué. Pero una cosa era clara: esa decisión me había salvado la vida.