El Cabildo retira 896 viviendas vacacionales del mercado turístico en un año
Menos viviendas vacacionales, más control administrativo, presión sobre el alquiler, equilibrio entre turismo y residencia, regulación territorial en Lanzarote
Info img: Oswaldo Betancort y Jesus Machin
Lanzarote ha cerrado el último año con un cambio significativo en el mapa de la vivienda vacacional. Entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, casi 900 alojamientos turísticos han desaparecido del registro insular, una caída que reduce el total de viviendas vacacionales de 8.209 a 7.313. No es un ajuste estadístico menor, sino el resultado directo de una ofensiva administrativa que ha pasado del discurso a los expedientes.
La actuación parte del Cabildo de Lanzarote, a través del Área de Ordenación del Territorio, que ha intensificado las inspecciones para detectar irregularidades. El denominador común de las viviendas retiradas es claro. O bien carecían de la licencia de actividades clasificadas, obligatoria para operar legalmente, o no estaban inscritas en el Registro de la Propiedad, un requisito básico para su regularización como alojamiento turístico.
El presidente insular, Oswaldo Betancort, ha querido marcar distancia con políticas anteriores. La reducción de casi 900 viviendas en un solo año, vino a señalar, no responde a anuncios ni a declaraciones de intenciones, sino a decisiones administrativas concretas. El objetivo de fondo es aliviar la presión que el uso turístico ejerce sobre el acceso a la vivienda, una de las principales preocupaciones sociales de la isla.
El proceso no ha supuesto un cierre total del grifo. Durante 2025 se han producido también nuevas altas en el registro, lo que confirma que la vivienda vacacional sigue siendo una opción económica activa en Lanzarote, aunque ahora sometida a una depuración constante. En otras palabras, no se prohíbe la actividad, pero se exige que cumpla las reglas del juego.
Desde Ordenación del Territorio, el consejero Jesús Machín pone el acento en el impacto residencial. La retirada de estas viviendas, especialmente concentradas en núcleos turísticos, abre la puerta a que parte de ese parque inmobiliario vuelva al mercado tradicional. En zonas donde vecinos y turistas compiten por el mismo espacio, cualquier alivio en la oferta puede traducirse en más opciones para alquilar o comprar y en precios menos tensionados.
El efecto no es solo inmobiliario. Menos viviendas vacacionales también significa un freno al crecimiento de plazas turísticas sin aumentar el número de visitantes. Eso se traduce en menor presión sobre los servicios públicos, el territorio y la vida diaria de quienes viven todo el año en la isla, un equilibrio siempre delicado en un destino consolidado como Lanzarote.
Con esta estrategia, el Cabildo se coloca a la cabeza del archipiélago en la regulación de la vivienda vacacional. De la inacción se ha pasado a un modelo basado en inspección, datos y continuidad en el tiempo, seguido con atención por otras islas. El reto ahora será comprobar si esta reducción sostenida logra transformar de verdad el acceso a la vivienda y si Lanzarote es capaz de mantener un modelo turístico compatible con la calidad de vida de su gente en los próximos años.